A ti, en mi desconsuelo,
por encontrar la belleza en el vello,
me encomiendo.
Arrancando, yo roncaré
Pidiendo, yo pude.
Rezando, yo rozo
lo que por estar en mi
es más que bello.
Y a la raíz que se encona,
al grano que supura,
al pelo que crece sin crecer,
interno, fecundo,
con la ira del sublevado,
me encomiendo.
Y encomiendo mi crecer,
su crecer,
su ahora testostorónica,
su nunca estrógena,
a la fuerza que me lleva,
a la pus que nunca sale,
para crecer en mí.
Y ser más que bella, vello.
