...
Así fue. Su prometido, que en tan poco tiempo no le había cogido cariño, encogióse de hombros y partió. Pero como dicen que todo depende del prisma con que se mire, para su padre, un milagro de tamañas proporciones en realidad resultó como un escupitinajo en un ojo: un detalle muy feo, vaya… Así que, en un arrebato de furia la mandó crucificar, último detalle para convertir a nuestra amiga en santa.
Un postremo hálito de energía llenó el alma de nuestra compañera de fatigas cuando, camino a su ajusticiamiento, dedicó el pelo que iba perdiendo, a la causa artística, fabricando con él algunas obras de arte peludas y muy chic.
Y este definitivo gesto fue el que impidió a la beata viajar hasta la nube que le habían asignado, para –por el contrario- quedarse entre nosotros, mortales amorales. Después de descubrir todo lo que se podía hacer usando correctamente un buen par de pelos trenzados, no se iba a llevar el secreto a la tumba, y así que llegamos a nuestros días, a la sevillana ciudad de Sevilla, donde se dice, se comenta, ha habido un avistamiento, o dos, de la Willy.
Aquellos contactados ya no son los mismos. Y aunque les pica el vello corporal, ahora mucho más abundante, han abierto los ojos al wilgefortismo viendo la luz al final del pelo.
Comienza una nueva era… o quizá sea todo una excusa para afeitarse, quién sabe...


Escribe un comentario